martes, 14 de agosto de 2007

Por qué el aval afro


Guillermo Alberto González Mosquera

Por qué el aval afro

Como algunas personas me han pedido que explique públicamente porqué escogí el aval del Movimiento Nacional Afrocolombiano para inscribir mi candidatura a la Gobernación del Cauca, no dudo en hacerlo a través de esta columna periodística, en la que vengo exponiendo mi pensamiento sobre múltiples aspectos de la coyuntura política actual.

Desde nuestra niñez, con mis hermanos hemos tenido una directa y constante relación con una región de mayorías negras, el Valle del Patía, a donde llegó nuestro padre a principios de la década del 40 en el siglo pasado. Esta presencia que jamás ha disminuído en intensidad, me ha permitido reconocer en los descendientes de los afros a un grupo de personas de relevantes condiciones: altivos, inteligentes, con una identidad que ha enriquecido la cultura, amantes de la libertad y absolutamente decididos en sus convicciones políticas. Cuando se convive con ellos, la existencia cobra un sentido alegre y desparpajado, que se manifiesta en un enorme deseo de vivir, de sentir y de comunicarse sin dobleces ni subterfugios dañinos.

Un educador afro del norte del Cauca, me expresó en estos días al ofrecerme su respaldo que “lo afro no estaba en el color de la piel, sino en la actitud ante la vida, en una filosofía que tiene carácter universal”. Es una opinión de la que ya se han ocupado importantes analistas de la sociología y la antropología mundiales, y que por estos tiempos se ha venido multiplicando a raíz de la candidatura de Obama para la Presidencia de los Estados Unidos. El proceso del appartheid en Africa del Sur y el pensamiento de líderes como Martin Luther King en Norteaméricam han tenido interpretaciones y análisis que se vuelven referencias obligadas en la política mundial.

El Cauca tiene un 34.5% de su población constituída por afro descendientes. El Norte del Departamento, la Costa Pacífica y la región del Patía, albergan un poco más de 400.000 personas que se reconocen como pertenecientes a esta etnia, que también posee un pequeño asentamiento en la región limítrofe de Itaibe en Tierradentro. De ellos he recibido múltiples muestras de respaldo político en varias etapas de mi vida. En un estudio que realizó la Universidad del Cauca a propósito de mi elección como Senador en 1990, se revela que cerca de la tercera parte de mis electores provinieron de la población negra del Cauca.

La positiva reacción que ha despertado esta escogencia, ratifica que fue una decisión acertada, que además, será ratificada de seguro por los caucanos en forma mayoritaria en la elección de octubre próximo.