domingo, 22 de julio de 2007

EL GOBERNADOR QUE NOS MERECEMOS

GUILLERMO ALBERTO GONZÁLEZ MOSQUERA
FOTO mav


Por: MARCO ANTONIO VALENCIA

Dentro del panorama por la contienda para la gobernación del Cauca, sigo pensando que la mejor opción es Guillermo Alberto Gonzáles Mosquera. Los otros candidatos, muy respetables todos, no dejan de ser meras aventuras de vanidad y relleno político con aval, pero sin votos ni méritos. Esa es la realidad.

Conocí al ingeniero Guillermo Alberto de cerca en sus labores como director de El Liberal, donde tuvimos la oportunidad de conversar durante cinco años de casi todo.

Me gusta decirle a mis amigos que con su editoriales demostró que es un hombre al que “le cabe el país en la cabeza”, y con sus audaces columnas “ponía a pensar a los caucanos” (para usar dos frases de cajón, pero que igual se ajustan para definir la capacidad de este hombre dispuesto a gobernar nuestro departamento).

Guillermo Alberto, por ejemplo, como muchos saben, ha venido impulsando una serie de procesos empresariales, culturales, sociales y políticos importantísimos para la región, pero cuando uno habla con él, o se enrolla en uno de esos eventos, comprende que, con su capacidad de liderazgo nos está hablando y metiendo de cabeza en el futuro. Es decir, que es un hombre que impulsa el presente, pero igualmente, es un líder visionario que inspira a trabajar desde ya, para el futuro.

Si uno habla con él sobre El Partido Liberal, sus ojos se iluminan para aclarar que además de una posición ideológica, “ser liberal” es un sentimiento y una manera de pensar. Y quiere que todos entiendan que el liberalismo es un lugar y una organización política para defender y trabajar por los menos favorecidos.

Si se le pregunta por su vocación política tiene claro que lo suyo no ha sido “el vivir de la política”, sino “para –la- política”, que es un asunto distinto; y por eso ha ocupado tantos cargos importantes y delicados dentro del Estado, y de todos ha salido con éxito y sin enjuiciamientos (más allá de los que pueden hacer las lenguas viperinas por la desnaturalizada contradicción política organizada para destruir a un opositor).

Alguna vez le pregunté sobre “la lealtad en la política”, y me dijo que si algo tenía claro, era la necesidad vital de tener lealtad a los electores y a las comunidades que eligen a través de su voto; y que para ello era necesario no tener obediencias perrunas, no hacer pactos secretos, ni dejarse manipular por la conveniencia de grupitos frente a las necesidades y aspiraciones de las mayorías. Y yo le creí. Y por esas conversaciones, y otras muchas razones, no dejo de pensar que es el Gobernador que nos merecemos. (valenciacalle@yahoo.com)